La semana pasada comencé a escribir una nueva sección llamada “Los killer de la formación”, sin ser consciente de la cantidad de informaciones, noticias y comentarios que iban a llegar sobre lo que avecina la Nueva ley de Educación. Y he de confesar que no sabía por dónde empezar. Quien me sigue y me conoce, sabe que soy una defensora de un Gran Pacto de la Educación, que debería ser “intocable” y mantenerse alejada de partidismos e intereses; pero sobre todo y ante todo, que cualquier proyecto, transformación o método se basa en la Ciencia, sobre todo en la Ciencia de la Psicología y en sus evidencias y que la Pedagogía se encarga de transformar en método educativo.

Dicho esto, me cuesta abordar un punto concreto sobre todo lo anunciado ante lo que nos viene en Educación y mucho menos sin haberlo analizado a fondo. Mi posición es y será la de siempre, la que mueva la calidad y la excelencia educativa, la que impulse y potencie las diferencias individuales y ofrezca igualdad de oportunidades, que no de igualar resultados, aspectos bien distintos y bien alejados el uno del otro.

Y ha venido a mí un artículo reciente que leí sobre Inteligencia artificial (IA) “La inteligencia artificial conquista la última frontera: el diseño de sus propios chips” que compartió una compañera en el grupo de debate al que pertenezco y que me nutre y provoca constantemente nuevos aprendizajes. En este artículo se comenta una investigación publicada en la revista Nature , que indica que “las máquinas lo pueden hacer igual o mejor que los humanos y mucho más rápido. El trabajo, liderado por las ingenieras de Google Research Azalia Mirhoseini y Anna Goldie, muestra cómo un método de aprendizaje automático (machine learning en inglés) ideado por ellas ha diseñado chips en menos de seis horas igualando o superando en los parámetros más importantes a los de los humanos.” Y el debate está servido en lo que desde hace ya muchos años es un avance imparable de la tecnología en cuanto a aprendizaje se refiere, y, por tanto a su valor en la Educación. Me reconozco una adicta a la tecnología , por su gran utilidad y convergencia con la Psicología cognitiva, la Comunicación y el Aprendizaje en general y, por tanto, su importancia en la Educación.

Desde hace ya casi 20 años, cuando me inicié en el maravilloso mundo del e-leraning y de las bondades que la tecnología ofrece a la formación, sigo y comparto las reflexiones de Javier Martínez Aldanondo, un gran profesional de la Gestión del conocimiento, y quien, como yo, no teme a la tecnología, sino que la ve como la gran oportunidad para aprovecharnos de ella y como él siempre dice “dejar que nos haga el trabajo sucio” . Recientemente escribía un artículo sobre la IA y el aprendizaje, “Lo que le tenemos que agradecer a la Inteligencia artificial”, que introducía de esta forma: “Si tu trabajo se basa en ejecutar, te vas a quedar pronto sin él. Si consiste en pensar, estás a salvo…” (Invito a su lectura completa). Y es que es así, los trabajos del futuro van de pensar, no solamente ejecutar; como bien referencia en el artículo, las máquinas procesan datos conocidos, no los desconocidos. “Para aprender, necesitas pensar, entender y preguntar y ninguna de esas 3 acciones cotidianas están al alcance de las máquinas”

Y todo esto para cuestionar lo que considero más importante. La capacidad del ser humano de preguntarse, de cuestionarse, no solamente de procesar datos, sino qué hace con esos datos, que se suman a todas las experiencias individuales, personales profesionales que hacen a un ser humano único y diferente a cualquiera. Detrás de las grandes ideas y de las grandes obras ha habido una persona o un equipo que la ha tenido y generado; detrás del avance científico, hay cuestiones y cuestionamientos sobre las Verdades impuestas o recibidas; detrás de la innovación hay alguien que se pregunta cómo hacer algo de forma diferente y mejor. Y ese, solamente ese, debería ser el gran objetivo de la Educación; formar personas “pensantes”, de espíritu crítico que aprendan a cuestionarse y para ello que aprendan a hacerse las preguntas adecuadas. Y lo fácil es decirlo, lo difícil es ejecutarlo y llevarlo a las aulas para que así sea y se impregne en los cerebros pensantes de esos futuros adultos que serán nuestros profesionales del futuro.

El cambio o el avance en Educación no pasa por cambiar o eludir lo que la Ciencia nos dice sobre los aspectos de aprendizaje; el cambio pasa por ser conscientes de ese objetivo último y final, que quizás no todos alcancen (y aquí es donde se confunde en mi opinión el concepto de igualdad de oportunidades con igualdad de resultados), pero que es el objetivo de la excelencia educativa para ayudar a que los niños y adolescentes de hoy sean los adultos críticos y profesionales del futuro y que hagan aquello que las máquinas no saben hacer: ¡Pensar, razonar y emocionarse! Porque allí reside la diferencia, en la pasión con la que aborda cada pregunta y cuestionamiento de la Verdad en búsqueda de la Verdad. Y, como no, pienso en la famosa taxonomía de Bloom sobre la competencia de Conocimiento, tan leída y tan desconocida al mismo tiempo por los educadores y formadores y que tanto me empeño en explicar para llevar a la evaluación. Porque para pensar de forma crítica sobre algún aspecto, para tener criterio propio, para hacerse preguntas, antes hay que haberlas analizado, comprendido y conocido previamente… y en esa secuencia… Y cuando queremos saltarnos la importancia de la evaluación, la que nos permite tomar nuevos puntos de referencia y seguir avanzando en esa secuenciación, olvidamos todas las fases de aprendizaje y secuencias del Conocimiento. Si no sabemos dónde vamos, nos perderemos por el camino de la mediocridad; solo los mediocres cuestionan, preguntan y dogmatizan sobre lo que “No” conocen pero creen conocer. Saltar los pasos necesarios para alcanzar la “unión de puntos” cerebrales necesarios en ese Conocimiento nos podría llevar a ser solamente unos “ignorantes atrevidos”. Invito a leer la entrada que escribí sobre ello: “La ignorancia es atrevida”

Por eso, y bajo estas premisas, creyendo de forma pasional en el valor de la Educación, seguiré apostando por la formación de calidad, por la excelencia en la búsqueda de objetivos y potenciales y por el desarrollo del espíritu crítico y el arte de hacerse preguntas en todos y cada uno de mis alumnos, sabiendo que eso… quizás, nunca podré llegar a evaluar o saber si he conseguido en muchos, pues quizás esas preguntas lleguen años después en esa conexión de puntos ante un problema concreto que una máquina jamás hubiera imaginado predecir; de lo que sí quiero seguir siendo consciente de todas y cada una de esas evaluaciones realizadas, de los pasos firmes dados en cada paso y secuencia necesaria, deteniéndome en los pasos previos si no se han conseguido, antes de avanzar al siguiente peldaño, para conseguirlo e impulsarlo y no siempre con éxito; y allí reside el gran valor de las diferencias individuales, de ser consciente que parar a veces es la forma de continuar en el futuro y que regalar lo que no se ha conseguido puede ser el peor de los caminos hacia el mismo. Mucha es la aportación que en ello tiene la Psicología y las Teorías del aprendizaje, pero también, las de la Personalidad, diferencias individuales, motivacionales y sociales que hay que poner en juego de forma holística y no segmentada y troceada.

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo

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Los Killer de la formación.  Sección creada con el objetivo de difundir las buenas prácticas en el sector de la Formación.