¿De cintura para arriba o a cuerpo entero?

Durante esta semana he estado pensando mucho sobre atracción y mantenimiento del talento en las organizaciones y de qué forma esta pandemia había afectado y afectará, más allá de las estadísticas de ERTES, al bienestar y salud de las empresas y los empleados.  Está claro que ya ha afectado a muchas y a sus empleados también. Supongo que de aquí saldrán investigaciones cada vez más interesantes sobre los efectos que la pandemia ocasiona y ocasionará a medio y largo plazo.

Por  lo que he estado leyendo desde diferentes ámbitos profesionales, en estos momentos son muchas las empresas y muchos los trabajadores que siguen soportando la incertidumbre sobre su futuro a partir de este mes de diciembre o cuando llegue el final del periodo establecido de los ERTES. Mientras tanto, otros muchos se encuentran en un modo teletrabajo desde marzo o a tiempo parcial; en unos casos muy bien dotados desde estrategia, método y medios pero en otros, enfrentados a trabajar desde sus casas sin los medios adecuados, sin objetivos claros y, en todos los casos, ante un fenómeno que va creciendo en popularidad y que ya adelanté ya hace unos meses en mis escritos sobre el teletrabajo. Hablamos de la soledad ante el trabajo propio y el aumento de videoconferencias como medio para mantener todo, todo tipo de formaciones y todo tipo de relaciones. Y yo, que soy defensora de esta metodología desde hace años y a la que apenas veía sus “contras” me he visto analizando más de cerca unas consecuencias que las empresas deberían tener en cuenta en aquellos casos en los que se está utilizando esta metodología.

Por un lado y en primer lugar, considerar qué puestos  son susceptibles de la modalidad, qué competencias requieren, qué tareas son susceptibles y qué sistemas de control son los más adecuados. Desde luego, para garantizar la mayor de las bondades del sistema que es la flexibilidad, el cambio de paradigma de control de horas a  gestión por proyectos y resultados se hace necesario. Pero ahondando más allá, en la parte humana y social del trabajo, esa que cubre las necesidades básicas de pertenencia  a un grupo, cobertura emocional, apoyo, identificación con la organización, invito a las organizaciones a hacer un pensamiento para analizar cómo se está gestionando. ¿Se está preguntando cómo están emocionalmente las personas? ¿Cómo están abordando la incertidumbre? ¿De qué forma se está afrontando la pandemia a nivel individual, familiar social desde dentro y desde fuera del trabajo? Y, ¿en qué grado está afectando a la salud mental de los trabajadores y, por tanto, al desempeño?

Y he puesto mucho énfasis con anterioridad en utilizar una metodología blended siempre que fuera posible con encuentros presenciales para abordar de cerca esta parte personal y más humana, o lo que yo llamo “oler emociones, oler personas”, porque la pantalla no deja de ser un elemento muy útil para la comunicación, pero también un excelente filtro sobre el que  esconder parte de nosotros; solo con apagar la cámara podemos desaparecer por los instantes necesarios para recomponernos, pero también la falta de contacto ocular y de expresión corporal, porque no todo se comunica de cintura para arriba. Pero si no es posible, no por ello es menos importante que se aborden los espacios suficientes de ocio o relax provocados conscientemente para suplir esa falta de contacto personal o de robotización del humano, condenado a relacionarse con compañeros y clientes a través  de una pantalla y unos clicks. Ni qué decir tiene la parte de “sorpresa” que la vida presencial en el trabajo nos trae; ese proveedor que entra por la puerta, ese cliente nuevo que pregunta y va saludando a todos, provocando el “cuchicheo” en todas las mesas, pues se sabe de su importancia para la compañía… Y que luego se abordará en ese café o en esa salida del trabajo de la manera más informal. Y es que esa relación informal desaparece en el teletrabajo, porque no hay sorpresas, no hay encuentros fortuitos y ni siquiera cafés no planificados. Ahora todo se ha convertido en invitaciones a horas puntuales, encuentros medidos y reuniones eficaces, pero nadie extraordinario más allá entra en nuestra pantalla; no pasa mucho más de lo ya se ha planificado y con ello se pierde una gran parte de lo que conforma nuestras relaciones sociales sanas y espontáneas.

¿Efectos? Creo que muchos, corremos el riesgo de perder esa parte más humana y más espontánea del trabajo y con ella la capacidad de mirarnos de cintura para abajo en toda nuestra expresión corporal, nuestros movimientos y nuestro andar, nuestro modo de acercarnos o alejarnos de los compañeros, nuestras miradas y nuestras expresiones por los pasillos, toda nuestra energía y nuestra explosión presencial, esa esencia y naturalidad que solo podemos percibir en el directo presencial.

Investigando un poco sobre este tema he encontrado en un artículo de una revista especializada de RRHH AI@Work de Oracle y Workplace Intelligence (dejo referencia en la parte inferior del post) que se hizo las mismas cuestiones, así como el modo en que esta situación estaba afectando a la salud de sus empleados.

 “no es novedad que 2020 ha sido el año más estresante de la historia para los empleados en todo el mundo. Lo que muchos no imaginaban es que el 82% de las personas cree que los robots pueden dar soporte a su salud mental mejor que los humanos”.

Realizado a partir de las respuestas de más de 12.000 empleados (gerentes, líderes de RRHH y directivos) en 11 países, el trabajo halló que la COVID-19 ha elevado los niveles de estrés, ansiedad y agotamiento de los empleados. El 85% de los encuestados declara que su salud mental interfiere en su vida, bien como el 75% cree que las empresas tienen que cuidar a la salud mental de los empleados”

En dicho estudio se puso de manifiesto cómo el uso de la tecnología como aplicaciones de bienestar, acciones virtuales con el objetivo de aumentar el bienestar de los empleados, aportan numerosos beneficios para afrontar los problemas y la ansiedad derivada de la situación.

En el mismo artículo, se expone el caso de cómo Ria Financial, ha actuado frente a la pandemia con sus empleados trabajando en remoto y de cómo la tecnología ayudó a aumentar los niveles de motivación y gestión de la situación a sus empleados. En este caso, analizaron también la situación de aislamiento y a modo preventivo, la implantación de herramientas y servicios de atención psicológica virtual junto a estrategias de apoyo humano.

Con la llegada de esta pandemia, no solo la salud física, sino también la psicológica, debe centrar nuestro interés. Pero, además, cuando hablamos de organizaciones, la salud mental y bienestar de los trabajadores debe ser un elemento importante y estratégico a tener en cuenta: Para ello, comenzar con los líderes, porque desde ellos y su correcta gestión emocional y del estrés, serán capaces de impulsar a sus equipos. Las empresas en esta pandemia están valorando a sus trabajadores, pero también estos a la primera. Porque también la pandemia tiene su lado positivo y es que nos ha enseñado lo mejor y lo peor de las personas, de nuestros compañeros y líderes y es en la forma en que se ha gestionado y gestione el estrés y la crisis, el modo en que se gestione esa parte emocional y humana también del trabajo, donde veremos consecuencias en el 2021.

Quienes cuiden a las personas, verán cuidadas sus organizaciones; quienes piensen en el equipo sujeto al estrés y a la incertidumbre y focalicen en ellos todo su esfuerzo, verán resultados distintos a quienes se hayan quedado paralizados por el miedo o mirando solamente su cuenta de resultados, mientras sus empleados están viendo la forma de fugarse en que lleguen mejores tiempos. Y entre muchos factores, el cómo se esté gestionando esa parte personal y humana de los equipos tendrá mucha que ver.

Como hemos visto, usar la tecnología para emocionar, para el encuentro personal, también es posible y recomendable… pero si no queremos recordar a nuestros compañeros de trabajo como “medios cuerpos a un click” planifiquemos convenientemente el encuentro presencial para nutrirnos del contacto, de la piel y del olor de lo humano, a cuerpo entero. Y si no es posible, organiza algo diferente a golpe de click;  solo es cuestión de creatividad.

Referencias:

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo de Talento

https://www.linkedin.com/in/patriciatisner/