El efecto emocional de la tragaperras

Si preguntara a las personas que leen este post qué significa el refuerzo, sin duda todo el mundo sabría qué significa, por cuanto de realidad diaria está presente en nuestras vidas. De hecho nos pasamos la vida dando y recibiendo refuerzos tanto positivos como negativos, que es diferente del castigo, que también nos damos. Presente en absolutamente todo lo que hacemos en nuestra vida; también el lenguaje. Con una palabra bonita podemos reforzar una preciosa sonrisa, esa que no vemos últimamente tras las mascarillas, pero también con una palabra hiriente podemos destrozar un alma. Somos expertos en el uso del refuerzo, concepto que en Psicología es clave en el uso del condicionamiento operante y base de la modificación de conducta y que tanto debemos al psicólogo estadounidense Skinner (1904 – 1990). No me detengo en su teoría pues hace falta solo poner las palabras clave en internet para encontrar las bases de su Teoría en numerosos artículos y vídeos.

Quiero detenerme en una variante del refuerzo que aumenta considerablemente la posibilidad de que una conducta se repita y que es la causa en muchas ocasiones de la destrucción de relaciones, de trastornos de ansiedad y también de adicciones en sus diferentes vertientes, también las emocionales; me refiero al “refuerzo intermitente” o lo que yo llamo el “efecto tragaperras”.

El refuerzo básico es aquel que se da de forma regular cuando queremos compensar una conducta y queremos que se repita. Una felicitación por un trabajo bien hecho es un refuerzo, como lo es hacer un regalo o devolver una sonrisa; cuidado porque no refuerza lo mismo a todos y por tanto no se trata de dar lo que consideramos bueno para nosotros sin contemplar lo que al otro le refuerza (no me refuerces con una tarta de chocolate si no me gusta el dulce).

En el ámbito laboral, el salario es un refuerzo por el trabajo, pero también lo es el salario emocional que incluye tantos aspectos de la persona, como el clima laboral, la conciliación, la flexibilidad, el reto, entre otros muchos.

¿Cuál es la diferencia entre el refuerzo regular y el intermitente y dónde reside la fuerza del poder de este último para afianzar una conducta? Porque no olvidemos que el refuerzo lo que perseguimos es que esa conducta que nos gusta se repita y si persiste en el tiempo, se afiance. La diferencia es que el refuerzo regular mantiene una constantes, se da o recibe siempre tras la conducta y allí es donde pierde su fuerza y valor. Imaginemos que nuestro Director General cada vez que hacemos algo bien nos dijera unas palabras bonitas y cada día fueran las mismas y 3 veces diarias. En menos de una semana ese refuerzo dejaría de tener sentido pues sería hábito y le quitaríamos valor. Como con la tarta de chocolate, al final querríamos probar algo diferente de tanta subida de azúcar, perdiendo comer tarta, algo esporádico, en un hecho diario; otra cosa es que desapareciera de repente.

El refuerzo intermitente es cuando las recompensas o refuerzos se entregan de manera inconsistente y ocasional y, aunque parezca, contradictorio, lo que provoca es el aumento de la conducta de esa persona repitiendo una y otra vez esperando el maravilloso refuerzo, ese que ya se tuvo y que desaparece, pero hay probabilidad de que aparezca si sigo y sigo repitiendo la conducta. Está claro que esto está directamente relacionado con la intensidad de la conducta y del refuerzo y el valor que le demos. Es la razón por lo que una persona puede convertirse en un adicto a las máquinas tragaperras, programadas para generar x dinero y premios al azar. Si algo convierte a las máquinas tragaperras en ser la mayor parte de las ganancias de un casino es precisamente por su poder del refuerzo intermitente, porque saberlo ya lo sabemos, vamos a perder dinero siempre, pero la fuerza reside en ganar 100 euros en una sola jugada cuando quizás hayas perdido ya 150 de moneda en moneda; y cuando tocaría el momento de retirarse, ese refuerzo, esa sensación, coge fuerza para seguir echando monedas para ver si el azar me devuelve otro gran momento. Estamos ante la probabilidad y no la seguridad de que vamos a tener ese refuerzo; y la probabilidad es el motor y donde reside su fuerza. Y ahora, con este ejemplo en la mente, pensemos en multitud de ocasiones en las que usamos el refuerzo intermitente en nuestras vidas y también en nuestras relaciones sociales y hasta en la valoración de riesgos incluso si nos vamos al ámbito económico. En el caso anterior, nuestro Director entraría a felicitar de vez en cuando y seguiríamos trabajando lo mejor posible con la esperanza de que ese refuerzo se dé.

Pero lo más importante es cómo ese refuerzo intermitente afecta  a nuestra toma de decisiones en todos los ámbitos de nuestra vida financieras, familiares, laborales, sociales… Y cómo puede construir o destruir. Y de allí este post, ya que , como todos damos y recivbimos refuerzos, es bueno ser consciente de qué causamos a otros o lo que otros nos causan a nosotros.

Por ejemplo, personas que se comportan de forma aleatoria, mediante impulsos, tienen alta probabilidad de reforzar intermitentemente y pueden dar un halago tremendo como enviar un mensaje hiriente en un momento dado. Las personas involucradas en esas relaciones pueden derivar fácilmente en un estado de ansiedad buscando el refuerzo positivo como si de una máquina tragaperras se tratara y teniendo consecuencias muy negativas en cuanto al aumento de ansiedad de la conducta repetitiva buscando ese refuerzo. Pensemos en los niños que llaman la atención buscando ese refuerzo que no les llega y buscan aleatoriamente comportamientos que les ofrezca este refuerzo; pues lo mismo se da en adultos. Y mucho cuidado, porque es la base de la adicción, también de la emocional y que tanto daño puede hacer. En su versión más patológica podemos tener a una persona demandando constantemente  “esa droga” que no le llega y aumentando considerablemente conductas alternativas y quizás equivocadas que le den el preciado tesoro, pero peligrosamente ansiosas. Por tanto, tendremos que tener cuidado en cómo damos el refuerzo y no solamente cuando creamos que “lo merecen” pues a largo plazo será una forma de arruinar cualquier relación que ya se ha convertido en ansiosa y donde las partes ni siquiera se habrán dado cuenta de cómo llegaron allí.

Como podéis imaginar esto en el mundo laboral se tiene muy en cuenta desde los Departamentos de Personas y es con políticas planificadas, conociendo a los grupos de interés, sus expectativas y sus necesidades, lo que les refuerza y lo que no, lo que hará que cualquier relación dentro y fuera funcione. La importancia del liderazgo y de la aplicación de esos refuerzos tendrá que ser planificada y tenida en cuenta también, dejando esta labor a personas muy estables emocionalmente, empáticas y con capacidad y teniendo en cuenta que, al final, estamos hablando de modificación de conducta y los límites éticos deben estar siempre presentes. Recordemos el famoso “Mundo feliz” de Aldous Huxley y la sociedad perfecta basada en condicionamiento. Porque como habréis podido ver, quien use el refuerzo intermitente con  intención de manipular, está eligiendo la mejor técnica para crear un adicto emocional que repetirá la conducta deseada en espera de su premio ocasional como lo hacían las palomas de Skinner; y si somos las víctimas, mejor ser consciente de qué valor le damos a ese refuerzo y si se puede conseguir por otros medios, porque en estado de ansiedad como el que vivimos y de incertidumbre constante, la necesidad de refuerzo positivo incrementa y ello nos convierte en más vulnerables. Mi deseo, ser conscientes de cuándo reforcemos y nos refuercen, que demos el gran valor a una gran sonrisa hoy, a un “por favor” y un “gracias”, que lo humano, el contacto, el cariño, el solo una pregunta de “cómo te encuentras o cómo estás” puede ser el mayor refuerzo que se le puede dar hoy a una persona,… quizás… Y no cuesta tanto… no cuesta nada. Por eso, y a pesar de las mascarillas, os invito a sonreír y a dar refuerzos a esa cajera en el supermercado que nos trata con amabilidad, a esa persona que te sonríe en el ascensor con sus ojos, a tener un gesto con cualquiera que nos encontremos en el camino, porque quizás está buscando su refuerzo intermitente que tanto bien le hace…

Y nuestra sonrisa, aumentará la probabilidad de que esa persona también le sonría a otros 😉; y, si lo que tienes que decir o necesitas decir a otra persona no es positivo, piensa dos veces antes de decirlo, mejor si es posible, no digas nada o enfócalo de forma constructiva pensando en reforzarlo cuando se de el cambio si es lo que se pretende 🙂 Hay poco a ganar y mucho a perder. El valor ético de usar el refuerzo está allí.

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo de Talento

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