Hace unos años que conozco a Isabel Claver, propietaria de una joyería de Huesca, gran profesional e implicada en el desarrollo del comercio de esta ciudad. Cuando conoces a Isabel impacta la serenidad y paz que transmite; cuando comienzas a mantener conversaciones con ella, descubres a la gran profesional inquieta, emprendedora e innovadora que es, tras ese gran halo de humildad que deja tras de sí. Hoy la traigo a mi entrada tras una de nuestras nuevas conversaciones y encuentros , siempre ricos y que me provocan bienestar y satisfacción personal por lo que de aprendizaje y emoción me aporta. Las personas no son lo que dicen ser, sino lo que son y lo que provocan en otros y, en mi caso, Isabel me transmite serenidad, esa que solo se consigue desde el autoconocimiento, reflexión, duda, cuestionamiento y humildad.

Como persona implicada en el desarrollo de mi ciudad que soy y la preocupación por el empleo y el crecimiento, me enorgullece y anima encontrarme con personas y empresarios que no se sitúan en el modo «queja» ante la situación que vivimos; en lugar de ello, analizan la realidad, aceptan lo que no se puede cambiar y se miran dentro de sí mismos para emprender nuevos caminos hacia la innovación, el cambio y por tanto la transformación necesaria.

«Aceptar lo inevitable es aceptación; aceptar lo que puedes cambiar se llama resignación»

Últimamente me rodean los mensajes de «aceptación» como el modo de seguir adelante, como si aceptar lo que no queremos fuera la única solución posible ante lo irremediable. E incluso ese mensaje de aceptación llega como la panacea para conseguir la felicidad e incluso el propio proceso transformador. En mi opinión se están confundiendo los términos, pues «aceptar» se utiliza como sinónimo de «resignarse» ante la realidad. «Aceptar» la realidad precisamente debe ser el impulso para provocar el cambio, para iniciar nuevos caminos, para utilizar esa realidad para el crecimiento personal y profesional y ello muchas veces puede significar precisamente «no aceptarla» como inamovible.

Aceptar lo que no podemos cambiar sí es aceptación, que no resignación; la forma en que se gestione será el propio proceso transformador; en otras ocasiones, aceptar la realidad y pensar en cómo cambiarla nos lleva a la toma de decisiones, al cambio, a una mirada diferente para analizar qué es lo que sí podemos cambiar y está en nuestras manos. El problema es que tomar decisiones no siempre es fácil y podemos caer en el acomodo que nos da «la aceptación». Aceptar la realidad e iniciar el camino del cambio adaptativo y de la transformación es cuestión de habilidades, por supuesto, pero fundamentalmente de «ACTITUD»

Hace unas semanas escribía sobre lo que implica el aprendizaje continuo y los procesos metacognitivos implicados en él en la entrada que titulé «Metacognición y aprendizaje continuo» y que, por tanto no repito, pero sí traigo aquí para quien desee leerla.

Según citaba Aristóteles, «La excelencia no es un acto, es un hábito». Y la excelencia pasa por el aprendizaje continuo.

Al contrario de lo que se suele pensar, el aprendizaje, más que un proceso, es una actitud que implica «querer aprender», «querer cambiar» y para ello hay que reconocer que no se sabe todo y ser humilde, no solo parecerlo y, sobre todo tener una curiosidad infinita que lleve a aprender de y con otros. El principal problema para el crecimiento, el aprendizaje y el desarrollo podemos ser nosotros mismos.

Isabel emprendió hace un tiempo un proceso diferenciador, aceptando la realidad externa pero no resignándose a ella, innovando en una línea de negocio que trae el título de esta entrada por lo que implica de transformación. Como joyera artesana que es, no solo vende las creaciones de otros, sino que se encarga de crear obras propias, integrando en el proceso el pasado con el presente, el valor económico con la emoción, construyendo piezas únicas a partir de elementos aislados, donde el componente emocional cobra importancia en la transformación de una joya. Y ese es el mensaje con el que me quedo y que devuelvo en este escrito, pues el cambio, el crecimiento y el desarrollo pasa por esos procesos metacognitivos y esa actitud que no puede desvincularse de lo emocional. Y es, en sí mismo, en ese producto, donde veo generalizable el verdadero proceso transformador que cualquier organización o persona debe tener para decidir si acepta el cambio o se resigna a lo «inevitable»: analizar muy bien qué puede y qué no puede cambiar, pero sobre todo, qué parte personal y emocional es el obstáculo o el impulso para crecer.

Gracias Isabel por compartir conmigo tus inquietudes y tus bloqueos; solo las personas humildes, sabias, seguras y serenas tienen la actitud necesaria para seguir creciendo y aprendiendo. El cuarzo rutilado de la imagen bien representa en la obra creada la energía, vitalidad y serenidad necesaria del proceso seguido hasta la obra final.

¡Muchas gracias!

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo

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