¡Esto ya lo había dicho yo! ¡Lo imaginaba! ¡Si es que estaba escrito!

¿Te reconoces en estas expresiones? Seguro que sí, todos lo hacemos en un momento dado cuando analizamos hechos del pasado, que pasados están y por tanto, no podemos cambiar. Pero nuestra mente, caprichosa ella, sí que puede cambiarlos. ¿Cómo? Cambiando la percepción que se tiene de esos hechos ocurridos en el pasado, de esas decisiones tomadas. Y allí entra en juego un efecto psicológico muy curioso y común llamado el “sesgo cognitivo de retrospectiva”, que viene a explicar cómo cambiamos la percepción de un hecho pasado ocurrido y consideramos que lo acontecido era más predecible de lo que realmente era en el momento de tomar esa decisión pasada.

Abordo este sesgo en mi entrada de hoy complementando una de las series que el Dr Luis Ferruz explica en su blog sobre las Finanzas del comportamiento, uniendo Economía y Psicología para entender desde el comportamiento humano, determinadas decisiones financieras que tienen consecuencias directas e importantes y que se encuadran en los estudios sobre las “Finanzas del comportamiento” o “Behavioural Finances” y que tanto me han provocado últimamente. Se puede ver la entrada en este enlace. https://www.rankia.com/blog/luis-ferruz/5076466-finanzas-comportamiento-vii-sesgo-retrospectiva. Cito textualmente, Algunos matices y variantes del sesgo cognitivo de retrospectiva se refieren a recordar o explicitar sólo los aciertos en decisiones financieras, incluso a olvidar la cara amarga de la volatilidad, lo que puede estar conectado o desembocar  en un exceso de confianza y orgullo. También a tener dos reglas de medir, esa con sesgo para nosotros y una muy crítica con respecto a las estimaciones y predicciones de otras personas o instituciones en contexto de decisiones financieras

Y es que, recordemos que los sesgos cognitivos son los “atajos mentales” que nos llevan a interpretar erróneamente la información disponible en cada momento, concepto introducido por los psicólogos Daniel Kahneman y Tversky en 1972 y ya tratado en anterior entrada “Economía y Psicología, un maridaje perfecto”.

El sesgo de retrospectiva que se aborda hoy es muy frecuente en nuestra vida individual, pero también lo es como interpretación social, siendo muy frecuente en cualquier crisis económica o financiera, en el caso de las burbujas, por ejemplo, y las predicciones de muchos economistas con carácter retrospectivo que analizan la realidad desde el presente y sus predicciones “pasadas” respecto a lo que realmente pasó, pero también del resto de los mortales que desde la ignorancia nos atrevemos a interpretar con los datos en nuestra mano.

¿Y qué está pasando entonces por la mente cuando se produce este sesgo? A lo ya comentado en otras entradas sobre lo que es un proceso evolutivo, añadimos la explicación que la Psicología nos da en este sesgo. Por un lado, nos encontramos con el proceso memorístico, nuestra memoria, que borra nuestros recuerdos o los deja sobre una nube en la que reconstruimos la realidad de lo que realmente fue, reinterpretando el hecho en base a las experiencias posteriores, rellenando esos “huecos” que nuestra mente necesita complementar para interpretar la realidad como un “todo”. Y si falta información, la mente rellena. ¿Cómo rellena? Con las experiencias e información disponible en el presente. Y allí, todo coge sentido en esa interpretación del hecho pasado construido como verdad en el momento presente.

La mayoría de los estudios en Psicología nos demuestran que es muy difícil de contrarrestar este sesgo, pues emitir juicios sobre un evento pasado, olvidando el resultado presente, es prácticamente imposible. Pensemos por ejemplo en los hechos históricos acontecidos, cuando un historiador intenta reflejar la verdad de lo que realmente sucedió en un momento de nuestra Historia, pero ya, desde la visión actual con los datos sobre el desenlace en sus manos.

Los humanos necesitamos dar sentido a nuestra realidad, a la experiencia , al mundo que nos rodea y buscamos explicación. Revisar creencias genera ilusión, la ilusión de entender, juzgar como obvio algo, pero después de que haya pasado.

¿Qué decir de lo que muchas veces atribuimos a la intuición? Curiosamente, solo le damos valor cuando ha pasado ciertamente a lo que creíamos haber intuido, no cuando “no ha ocurrido” Cuando se presentan los resultados de un experimento científico, por ejemplo, pensamos. ¡Es obvio! Pero lo hacemos a posteriori, cuando aplicamos lo que consideramos sentido común, y hasta nos preguntamos que o cuestionamos si era necesario haber investigado sobre ello. En eso, los psicólogos estamos acostumbrados cuando trasladamos los estudios científicos de la Psicología a hechos que las personas interpretan desde “allí”, desde el lugar del “sentido común, pero a “toro pasado”. Nos lo llevamos a cualquier ámbito científico que nos sea cercano y empezaremos a entender más de cerca este sesgo que tanto nos afecta. Piensa en juicios médicos cuando se da con ese síndrome que tan a la vista estaba, de jurados, de jueces que interpretan la realidad ya pasada, de política o de economía, o de cualquier tema que nos toque de cerca… y… ¡Bingo! Tenemos el sesgo en nuestra mente. Sí, allí está, aunque no seamos conscientes.

Profundizar sobre este sesgo me ha llevado a las investigaciones de Baruch Fischhoff, pionero en la investigación sobre el sesgo de retrospectiva. Fischhoff retomó la investigación inicial sobre los sesgos retrospectivos, realizada en Israel a principios de la década de 1970 con las investigaciones de Kahneman y Tversky sobre el juicio y la toma de decisiones. En una entrevista realizada al profesor, Fischhoff comentaba su compromiso con la seguridad y los riesgos tras el 11 de septiembre. ¿Cómo con con todos los datos disponibles no se podía prever lo que sucedió? ¿Qué visión y análisis predictivo a posteriori se realizó cuando los hechos ya habían acontecido?. La pregunta para todos era que, habiendo hechos evidentes no se hubiera podido predecir y actuar en tiempo.

Fischhoff fue el primero en demostrar este sesgo con una encuesta sobre creencias ante un viaje diplomático en 1970 del presidente Nixon de EEUU y sus resultados previsibles. Las personas asignaron probabilidades sobre el éxito del viaje. Lo curioso es que recordaban que habían asignado probabilidad a lo que sí había sucedido en realidad y a lo que no había sucedido se le bajaba esa probabilidad, demostrando que, a hecho pasado, modificamos nuestras creencias y recuerdos , creando una ilusión cognitiva que nos ayuda a la interpretación para darle sentido a los hechos y a nuestro mundo.

Fischhoff distingue dos visiones de eventos pasados: “ el sentido del pasado de un historiador como una serie de eventos distintos y la visión del científico del comportamiento de los eventos como pertenecientes a clases de equivalencia, lo que permite predicciones significativas que replicarían los resultados de eventos pasados”.

Este sesgo tiene que ver mucho también con las Teorías de la conspiración. Muchas veces estas teorías surgen cuando se han dado ya hechos y se cuestiona por qué no se hizo o previno cuando se supone que había dados claros para intervenir. El caso del 11 de septiembre es un claro ejemplo que explica las teorías conspiratorias posteriores cuestionando cómo no pudo preverse lo acontecido con los datos objetivos en la mano. Y, por supuesto, en nuestras mentes, cuando leemos esto, los mismos datos para interpretar el origen y explicación de la situación pandémica mundial que vivimos actualmente. Dentro de unos años, interpretaremos esta información con el sesgo retrospectivo, dejando a la memoria hacer de las suyas y al sesgo retrospectivo jugar “a sus anchas”.

Y, como ya he comentado en otras entradas, no existen fórmulas mágicas para “controlar” este sesgo; existe, solamente eso. Y lo único que podemos hacer es intentar minimizar sus efectos, desde la conciencia plena de su existencia. Están allí por un motivo, para ayudarnos a agilizar nuestras tomas de decisiones, para ayudarnos a interpretar de forma rápida y ágil nuestro mundo lleno de tantos estímulos e información que de otro modo no podríamos abordar. Así que no nos queda otra que asumir que existen y con ello ya tenemos mucho avanzado. A partir de allí, llenarnos de datos y evidencias que nos acompañen a tomar las mejores de las decisiones posibles, siendo conscientes de que nunca serán totalmente objetivas.

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo

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SONRÍE-T Sección creada con el objetivo de recoger experiencias a partir de los debates creados en un grupo al que pertenezco y que me anima a escribir artículos de Psicología para difundir aspectos concretos de la misma, de mi experiencia y la de otros.