Dedico hoy mi entrada a un tema apasionante de la Psicología cognitiva, provocada por la constante invitación de mi querido amigo y admirado Dr. Luis Ferruz, catedrático de Economía en la Universidad de Zaragoza, quien ya el año pasado me invitó a participar con una ponencia en su asignatura de Riesgos financieros desde la perspectiva de la Psicología, quien sigue animándome a colaborar e investigar sobre el tema y quien tras una serie de sucesivas entradas en su blog durante las últimas semanas, ha provocado que me pusiera  a indagar más y seguir desarrollando  mis conocimientos sobre esta área.  En su blog, del que dejo referencia aquí, en las últimas semanas ha dejado varias entradas a las Finanzas del comportamiento, un área donde la Economía y la Psicología se entrelazan de forma indisoluble e imprescindible para alcanzar la comprensión de los actos del ser humano en sus decisiones financieras.

Tradicionalmente la interrelación entre Economía y Psicología han sido muy extensas y ya el eminente economista Alfred Marshall (1920), en su obra “Principios de Economía” señalaba: “La economía es una ciencia psicológica”, referencia que me ha invitado a titular el post de hoy como “El maridaje perfecto de ambas Ciencias.

Para entender la importancia que hoy le damos a la Psicología dentro del mundo de las finanzas, debemos ir a los sesgos cognitivos para explicar su importancia, pero también al concepto en sí mismo y objeto de la Economía como Ciencia. Y es que la Teoría financiera tradicional se centró en “cómo debería comportarse el ser humano”, asumiendo como un hecho la racionalidad del ser humano y la apuesta total de la razón sobre las decisiones de un modo lógico tras analizar toda la información disponible.

Las Finanzas del comportamiento o “Behavioural Finance”  estudian cómo se comporta en realidad el ser humano ante problemas financieros, y no cómo debería comportarse, introduciendo de lleno a la Ciencia psicológica en el conocimiento sobre el comportamiento del ser humano en sus decisiones financieras y en la Ciencia de la Economía. Y es que la Psicología explica por qué el ser humano no toma siempre las decisión es en términos de utilidad, no manejando toda la información disponible, actuando muchas veces de una forma “irracional”  a los ojos externos.

Es cierto que en la mayoría de las decisiones no se tiene la información completa, o bien no se analiza completamente, o bien prima la satisfacción o la parte emocional sobre la utilidad o racionalidad pura, buscando el equilibrio entre la pérdida y la ganancia, evitando lo que es aversivo y buscando lo más rápido y fácil. ¿Y qué explica esto?  Encontramos la explicación en la Psicología cognitiva y en los llamados “sesgos cognitivos” que ya he nombrado puntualmente en muchos de mis post, pues forman parte inherente al ser humano y entran en juego en la mayoría de los procesos diarios y cotidianos de nuestra vida.

Fueron los los psicólogos cognitivos israelíes Amos Tversky y Daniel Kahneman (1972) quienes darían forma a un nuevo modelo que incorpora los avances de la Psicología Cognitiva en los años 60 y 70 a los modelos establecidos sobre los procesos decisionales e introduciendo el concepto de sesgo cognitivo en sus estudios e investigaciones, que les llevaron a numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el Nobel a Kahneman.

¿Qué es un sesgo cognitivo y cómo influye en el mundo de las Finanzas?

Un sesgo cognitivo es un atajo mental, un efecto psicológico que desvía el proceso mental, que distorsiona la información real, el juicio exacto y lo que sería una interpretación lógica , dando respuestas que nos parecen irracionales o ilógicas con la información disponible.

Su existencia se explica desde el concepto evolutivo de la especie humana y la adaptación al medio, donde la toma de decisiones rápidas ante ciertos estímulos que pueden ser dañinos, puede ser más valioso que detenerse a analizar todas las variables para tomar la decisión más correcta. Lo inmediato y lo rápido coge más fuerza y la mente coge el “atajo” para interpretar la realidad, normalmente en base a sus experiencias previas.

Hay multitud de sesgos cognitivos y la mayoría relacionados entre sí; todos ellos nos ayudan a entender lo que a priori nos parece irracional. Conocerlos es el primer paso para ser conscientes de que todos los tenemos y que trabajan sobre nuestra mente en todos y cada uno de los momentos y decisiones en nuestras vidas. Explicar algunos de ellos puede ser el tema de futuras entradas, deteniéndome en aquellos que expliquen y apliquen en unas disciplinas u otras, como en la de hoy de Finanzas del comportamiento y en la que me detengo

Fueron Kahneman y Tversky y su desarrollo de la Teoría de las perspectivas esperadas, quienes desarrollaron el concepto de “utilidad esperada”, afirmando que “las personas escogemos la alternativa que consideramos más útil de entre las disponibles para afrontar una situación concreta” y quienes llevaron de forma aplicada al mundo de las Finanzas y Riesgos. Según esta teoría, cuando existe incertidumbre , tendemos a optar por recompensas seguras a otras donde la probabilidad sea menor, aunque el valor de las primeras sea menor. Además “damos más importancia a las pérdidas reducidas, aunque sean improbables, que a las ganancias moderadas”. Los autores  denominan a esto “aversión a las pérdidas”. En base a este sesgo, cuando se nos presenten dos alternativas equivalentes y una esté formulada en términos de ganancias y otra en términos de pérdidas, lo más probable es que optemos por decidirnos por la primera y evitemos la segunda. En resumen, “evitamos perder antes que preferimos ganar” . Kahneman y Tversky afirmaron que “la perspectiva de pérdidas tiene un mayor impacto emocional que la de ganancias y que tendemos a percibir la probabilidad de perjuicios como si fuera de 50/50, independientemente de que sea mucho menor”

Conocer estos sesgos, su funcionamiento, aplica al comportamiento económico de las personas y nos es útil en el campo de la Economía y también en la Psicología de las Organizaciones y, como en todo, según en qué manos se dé el conocimiento, su utilización para el bien o para la manipulación está servida.

Porque los sesgos cognitivos influyen en nuestro modo de ver e interpretar el mundo, nuestro mundo y están llenos de motivaciones, implicaciones culturales, sociales, informativas, memorísticas y, al fin y al cabo, imperfectamente humanas con las que tenemos que caminar. Lo importante es abrir los ojos, ser conscientes de la existencia de los sesgos cognitivos y seguir caminando con la vista más amplia y larga que la que nos muestran los ojos.

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo

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SONRÍE-T Sección creada con el objetivo de recoger experiencias a partir de los debates creados en un grupo al que pertenezco y que me anima a escribir artículos de Psicología para difundir aspectos concretos de la misma, de mi experiencia y la de otros.