Abordo hoy este tema pues quizás me ha perseguido esta semana de forma aleatoria e impulsora a investigar sobre ella, las causas y la forma de abordarla. La mentira no nos es ajena, forma parte de nuestra vida y nos hemos acostumbrado a ella de forma inconsciente y consciente cuando ponemos atención sobre ella en temas importantes, bien porque mentimos, bien porque sabemos que nos mienten.

Y es allí donde he querido detenerme; por un lado, en ese lado en el que la mentira deja de ser ocasional, para ser una característica estable de la persona que hace de la mentira una forma de ser y estar con los otros o lo que llamamos mentira patológica o mitomanía y que me gustaría relacionar con lo que consideramos una persona honesta o deshonesta, pues considero que hay una relación importante y que convierte a un sujeto en una persona “de confianza” o una persona de la que tienes que poner en duda cada una de sus palabras.

Investigar sobre este tema me ha llevado a la Universidad de Massachussets y al Dr. Robert Fieldman, quien reveló en estudio que “el 60% de las personas mienten al menos unas dos o tres veces en una conversación mantenida de 10 minutos, cayendo en lo que conocemos como las mentiras esporádicas“; esas que todos hacemos en nuestro día a día. Entrar en las razones que nos llevan a mentir de esta forma sería entrar en muchas variables que nos inducen a ello. En muchos casos podemos dejarnos llevar por lo que llamamos “mentiras piadosas” por no herir a otras personas. Estas también a su vez pueden derivar en otro tipo de problemas, pero no me detengo allí; lo hago solamente en las razones que nos llevan a esa mentira. No herir, evitar conflictos o simplemente no ahondar en un tema que no se quiere abordar pueden ser algunas de las razones. Pero eso no nos lleva a ser personas deshonestas ni mitómanos, ni personas no dignas de confianza de una forma estable para los otros.

No era ese el motivo por el que quería hablar de ello y quería ahondar en las personas que lo hacen de forma estable, que suelen perder la confianza de todos los suyos y terminan perdiendo todo tipo de relaciones, personales y familiares y que en el trabajo pueden llegar a ser auténticas pesadillas si te tocan como compañeros o como “jefes”. Muchos os veréis en estas líneas pues alguna vez nos ha tocado luchar en entornos nada favorables a la confianza, cuando somos conscientes de que nos están mintiendo directamente y que además se hace sin pudor alguno. Y hasta el mejor de los equipos puede desmoronarse como una torre de naipes cuando una persona deshonesta o mitómana se encuentra entre sus miembros, esos en los que se supone que deberíamos apoyarnos en los trabajos que tenemos que abordar con esfuerzo y cumplir objetivos.

Así que he buscando un poco más y me he encontrado con un estudio de de unos científicos de la University College de Londres , publicado en la revista Nature Neuroscience (2016), quienes nos vienen a decir que las mentiras inducen cambios en el cerebro. Neil Garrett ,Stephanie C Lazzaro ,Dan Ariely yTali Sharo. Par estos autores, “la deshonestidad es una parte integral de nuestro mundo social, que influye en dominios que van desde las finanzas y la política hasta las relaciones personales“. Como anécdota, las digresiones de un código moral a menudo se describen como una serie de pequeñas brechas que crecen con el tiempo

En dicho estudio demuestran que la deshonestidad egoísta, esa que no es la piadosa nombrada anteriormente, tiene no solo un mecanismo neuronal que la respalda, sino que cuanto más repite la mentira el sujeto, más se involucran en la deshonestidad egoísta. Utilizando resonancia magnética funcional, mostraron que “la reducción de la señal en la amígdala es sensible al historial de comportamiento deshonesto, consistente con la adaptación”  y que cuando la sensibilidad de la amígdala se reduce (recordemos que es responsable directa de regulación de estado emocional) en una decisión de mentir, ello es predictor de entrar en una escalada progresiva de conductas similares en posteriores decisiones. Por tato, podemos deducir, que mentir lleva a mentir más y más progresivamente, encontrando una especie de “bienestar ” emocional , por decirlo de alguna manera, o lo que los autores definieron como insensibilidad a la mentira, a la persona que adopta este comportamiento de forma constante, que no esporádico como decíamos en el primer caso.

“Cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable”, Tali Sharot.

Son diferentes los trastornos psicológicos que están vinculados a la mentira y en sus casos extremos de mitomanía, que son forma de evitar afrontar o un problema un situación. No nos resulta extraño en el caso de personas adictas al juego, a las drogas o a otro tipo de adicciones, que hacen de la mentira su forma de comunicación habitual. Pero también encontramos relaciones con una baja autoestima, que llevan al mitómano a inventar una realidad diferente a la que vive, construyendo sobre ella una realidad diferente, mejor y llena de historias fantásticas en muchas ocasiones que reemplazan a su historia real, esa que quiere evitar o esconder e incluso al final sigue creyendo como real.

Mentir suele llevar un desgaste cognitivo intenso, pues son muchas las variables cognitivas a tener en cuenta cuando la mentira va creciendo, pues “El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera” Alexander Pope.

Si estamos frente a un mitómano, deshonesto o mentiroso, aprovechar ese desgaste, ahondar y preguntar más sobre el tema obligando a la persona deshonesta a seguir “inventando” su historia, suele ser la técnica más eficaz para detectar esa mentira… Pero ¡cuidado!, esto también desgasta, así que mi consejo es el que me aplico a mí misma. Si puedes evitar lo tóxico en tu vida, evítalo y huye. Si no puedes evitarlo, afróntalo con estrategia cognitiva, pero de forma puntual, para no desgastarte constantemente tú también. Gestionarlo desde la parte emocional y hacer que no te afecte será la mejor de las gestiones y soluciones siempre que ello sea posible. Una vez más, lo cognitivo y emocional son una estrategia equilibrante y equilibrada 😉

¡Gracias!

Patricia Tisner Laguna – Psicóloga de las Organizaciones y desarrollo

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SONRÍE-T Sección creada con el objetivo de recoger experiencias a partir de los debates creados en un grupo al que pertenezco y que me anima a escribir artículos de Psicología para difundir aspectos concretos de la misma, de mi experiencia y la de otros.