El Teletrabajo; las competencias y el control de horas, “en jaque”

¿Están las empresas y sus personas preparadas para el teletrabajo en general?

La proactividad, flexibilidad, responsabilidad, adaptación al cambio o gestión emocional entre otras muchas otras competencias clave, cobran en el teletrabajo todo su sentido

Durante las últimas tres semanas confinados y enfrentados a la mayor crisis y situación vivida de forma global en nuestras vidas, estamos siendo partícipes al mismo tiempo de la mayor revolución en la forma de trabajo de las personas que podamos recordar. Empresas que no habían abrazado la transformación digital, trabajadores con enormes resistencias al uso de la tecnología encerrados en  zonas de confort, han visto, ven y verán, cómo las circunstancias sobrevenidas requieren de rápidos cambios y adaptaciones de los procesos productivos y que vienen de la mano del buen uso de la tecnología como compañera de este viaje que tenemos que emprender. Los afortunados que a día de hoy no han perdido sus puestos de trabajo o se encuentran en ERTES y han podido acogerse a la opción del teletrabajo, en muchos casos están realizando un curso exprés en el uso de la tecnología, en la correcta gestión del tiempo, en encontrar nuevos modos de comunicación eficaces, en el aprendizaje colaborativo en la distancia y hasta de la propia gestión emocional en soledad de todos los elementos que las interacciones sociales proporcionan en el trabajo a diario. Ya existían empresas que, con políticas de conciliación, ofrecían esta opción a  sus trabajadores; también es verdad que algunos estudios ya nos decían en este aspecto que no siempre funcionaba como se esperaba o que pocos se acogían a esta modalidad. Y si en algo se avanzaba, llegó la Administración hace ya más de un año con la obligatoriedad del registro de horas de trabajo, como si todos tuvieran como resultado fabricar 100 piezas a la hora. No todos los puestos son iguales ni se pueden medir de la misma manera, ni todos los puestos permiten el teletrabajo.  No creo que haya discusión en ello. Pero, para los que sí lo permite, unas pinceladas y unas reflexiones.

¿Están las empresas y sus personas preparadas para el teletrabajo en general? Aquí cada organización tiene que hacer análisis al respecto y teniendo en cuenta elementos fundamentales como si el trabajador dispone de los medios necesarios para ello, tanto de carácter tecnológico como de competencias personales para ello. Elementos como tecnología potente, plataformas y sistemas de comunicación y trabajo colaborativo ágiles y eficaces, accesos remotos entre otros, son la estructura base sobre la que plantear un sistema ágil para que los tareas que dependen de un trabajo en equipo no se vean mermadas o con dificultades para su realización. Pero esto es lo fácil, muy fácil. Lo difícil es ahondar sobre las propias competencias personales que ayuden a la realización de estas tareas; en este sentido, la correcta gestión del tiempo debe ser la siguiente prioridad a alcanzar y  que poco o nada impacto tendrá en las personas que ya lo poseían en sus puestos presenciales, para ellos la transformación es fácil; no lo será para aquellas que ya en sus puestos presenciales son desestructurados,  o los que trabajan con un ojo en el ordenador y con el otro en el reloj que marca la salida;  también aquellos que necesitan estar siendo controlados o dirigidos y sin iniciativas. Quizás para estos el teletrabajo no sea la mejor opción, ¿o sí? ¿Cambia algo? ¿Van a ser más o menos productivos por hacer un curso de gestión del tiempo?

Si nos quedamos solamente en ello incurrimos en el gran error de pensar que con tener las herramientas es suficiente; competencias clave son ahora más importantes que nunca;  la proactividad, flexibilidad, responsabilidad, adaptación al cambio o gestión emocional entre otras muchas cobran en el teletrabajo todo su sentido y encuentran su mayor expresión y potencialidad.  Porque, no todos somos iguales y aquí tampoco sirve el “café para todos”. Por eso, un elemento clave a tener en cuenta para afrontar desde las organizaciones y desde los trabajadores es el autoanálisis de las propias competencias, porque, de no saber cuáles son las limitaciones, difícilmente pueden cambiarse… El teletrabajo no es solo contestar a correos electrónicos como he oído estos días a varias personas que me decían estar teletrabajando; eso es disponibilidad y además, reactiva.  Las competencias necesarias no son tan fáciles de desarrollar o potenciar como es facilitar  una tecnología; eso era lo fácil.

Qué decir tiene de la sensación de pérdida de control de los directivos sobre las tareas que se están realizando. Y es que a todos, trabajadores, directivos y empresarios toca analizar sus competencias, pero también los procesos internos y el modo y manera en que se tiene cuantificada la productividad de cada puesto de trabajo. Si hasta el momento actual no se ha implantado más, en mi opinión,  es que en la mayoría de los puestos tampoco se sabe qué rendimiento cabe esperar en una jornada laboral. Esta falta de conocimiento, de medición, de algún modo se “compensa” con la presencia física y la sensación de control por un lado junto a la percepción de haber cumplido las horas por el otro.

En los trabajos que no consisten en fabricar piezas al minuto, sino en los que está en juego el conocimiento, la capacidad de solucionar problemas o de anticiparse a los mismos, la creatividad o la innovación, el valor de la persona en suma y su aportación más allá de lo tangible, no se mide por horas, se mide en resultados pero también en intangibles no medibles que ponen a prueba al mejor de los gestores, porque, por mucho que queramos, hay muchos aspectos que solo podemos percibir y valorar, no medir cuantitativamente.  Gestionar estos elementos proporcionarán las claves a los empresarios y directivos hacia el éxito de lo esperado, sea presencial o en la distancia, porque el medio, eso, es lo menos importante.

Por otro lado, los gestores tendrán que aprender a medir lo esperado, a equilibrar balanzas, a saber soltar y dar autonomía a quien pueda darla, a gestionar también su propia necesidad de control. No todos los puestos pueden medirse por horas. porque los hay y muchos que deberían medirse por el nivel competencial que lleva a resultados y a la solución de problemas y casi más importante a prevenirlos antes de que aparezcan. Y, allí, el tiempo poco tiene que decir. Lo que para uno que sabe “qué tecla pulsar” le lleva cinco minutos para otros pueden suponer horas indefinidas de trabajo pulsando mil teclas hasta dar con la correcta. Es por esta razón que nunca he entendido de la generalización para todos los puestos del llamado “Registro de horas de trabajo” porque no para todos sirve, sobre todo para puestos en los que la creatividad o la innovación sean la base de las personas, porque esos procesos cognitivos no entienden de relojes.

Y llegó el Covid19 y con él, el descontrol necesario para intentar que la hibernación  económica no sea una “congelación” . Quizás este sea el momento donde la necesidad ponga orden y sentido común y se sienten las bases de mediciones diferentes y donde el teletrabajo, para muchos, que no para todos, sea una gran opción de futuro, o al menos, una opción viable. Mi consejo en este sentido para cuando vuelva la normalidad es que si puedo hacer el trabajo de forma autónoma de forma presencial, soy un firme candidato a tener la opción; si no, primero necesitaré un buen entrenamiento. Para los empresarios y gestores, primero el control de lo que se espera y una vez que se tenga esto, ¡suelta! Y, para la Administración, la consideración de que todo no se mide en horas.. ¿cómo se registran las horas en las que se calienta silla? Quizás ahora sean horas de poner lavadoras… Es el momento de la correcta gestión, la medición interna y el autocontrol.

A  las empresas les ha llegado la necesidad de “transformarse digitalmente” y es cierto, pero llega sobre todo el momento de transformación de las personas; y a las Administraciones, plantearse que no pueden controlar ni hacer controlar lo que no es medible e intangible”

Y son estas reflexiones, entre otras, las que han llevado a que muchas organizaciones no se hayan planteado la opción del teletrabajo hasta ahora como una vía de optimización de recursos y otros beneficios,  a pesar de las múltiples bondades que ofrece y estamos viendo.  Se habla estos días de que a las empresas les ha llegado la necesidad de “transformarse digitalmente” y es cierto, pero llega sobre todo el momento de transformación de las personas.