Vivimos un tiempo en el que la diferencia ya no es solo discrepancia, sino distancia. La polarización se ha instalado en nuestras conversaciones, en nuestras familias y hasta en nuestra forma de mirarnos. Pero detrás de este clima crispado hay algo más profundo: una crisis de identidad y pertenencia que nos atraviesa a todos. La Psicología Social lleva décadas explicándolo. Basta una simple etiqueta para que aparezcan “los nuestros” y “los otros”, y con ello, la necesidad de proteger quiénes somos, incluso a costa de romper puentes. En este artículo reflexiono sobre cómo funciona este mecanismo, cómo se manipula y qué podemos hacer para recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos y convivir sin fracturarnos